Se estrena la nueva película de Almodóvar en un contexto mediático desagradablemente tóxico por su coincidencia con el lanzamiento de 'Torrente Presidente' y la polarización con la que agentes externos pretender confrontar dos modelos de cine e industria totalmente opuestos, pero a la vez, complementarios. Valoro mucho la estrategia promocional de la última película de Santiago Segura, la de evitar ofrecer cualquier tipo de avance, tráiler, sinopsis pues es una postura que suelo encarar con cada estreno del que estoy realmente interesado, pero resulta prácticamente imposible escapar del ruido de redes y medios de prensa. A pesar de evitar la lectura de cualquier material promocional, impresión o crítica relacionada con 'Amarga Navidad', me habían llegado voces reivindicándola como una propuesta arriesgada. Desconozco a qué se referían, pero servidor entiende el riesgo como salir de tu zona de comfort, y lo último de Almodóvar no es más que la enésima sublimación de todo su cine, de compilar una filmografía que ya abarca 24 películas retomando todas su señas de identidad y su formalidad estética y narrativa.
La ficción dentro de la ficción ha sido un recurso recurrente en toda su carrera. Y así como en 'La mala educación' o 'Dolor y Gloria', trasuntos del director presentan y desarrollan un relato cuyos personajes y tramas paralelas ya sabemos de antemano que terminarán convergiendo. Todo se va cociendo a fuego lento con una magnífica y poderosa Barbara Lennie llevando el peso dramático acompañada por un Patrick Criado en un rol almodovariano de esos con alcance icónico. La eclosión argumental adquiere unos carices muy meta con el propio autor autojustificando en voz de sus personajes la falta de pulcritud del guion cuando a mí como espectador lo que más me interesa aquí es el camino y no la meta: Cómo plasma la dificultad diaria de la protagonista para sostener sus relaciones personales mientras está lidiando con sus propios problemas existenciales. Y la proclamación de Almodóvar como ese voyeur que no pide permiso para fundir la realidad de su entorno en el papel, siguiendo el ejemplo de aquel Fotógrafo del Pánico.
