Cada vez soy más exigente a la hora de ir a una sala de cine. No es por el precio, me sigue pareciendo una oferta de ocio relativamente barata, sino porque conlleva un esfuerzo, una intención, y no me compensa desplazarme si la experiencia no va a ser satisfactoria. Cuando me enteré de las buenas críticas y la enorme taquilla de 'Proyecto Salvación', ya se habla como posible nominada a los próximos Oscar, la decisión parecía clara. Y voy a ser claro en el veredicto: es demasiado larga.
Reconozco que libro una batalla con la duración de las películas en estos tiempos. Tiene que estar muy justificado que pase de las dos horas para que no levante una ceja desaprobatoria. Y curiosamente, 'Proyecto Salvación' constituiría el epítome de mi forma de pensar. Porque de sus 150 minutos de metraje, se hace bastante amena durante hora y media, poco a poco se me va haciendo pesada, para llegar a una última media hora que me sobra completamente. Podrían quitarle la mayor parte del desenlace y no se notaría la diferencia. Es reiterativa. Explota hasta el infinito un vínculo que funciona como recurso dramático y cómico hasta el punto que podría haberse alargado todo lo que quisiera la distribuidora.
Y es una lástima porque me parece un blockbuster más que correcto, buena factura técnica -me flipa el tono apagado de su fotografía, le veo incluso un rollito soviético- y efectos especiales, y no la veo demasiado pastiche teniendo en cuenta que innovar en ciencia ficción es complicado y se mueve por terreno conocido. Narrativamente es eficaz alternando flashbacks con la acción principal y no se mete en líos en la cuestión científica: opta siempre por el camino más fácil. Probablemente ya se desvele en tráilers, pero no voy a mencionar el reclamo argumental para implicar emocionalmente al espectador. Y sí, me parece efectivo, pero se abusa de ello hasta la saciedad.
Parece que el propósito de las películas actuales de ciencia ficción, más que indagar sobre mundos futuros, tiene como meta incidir en cómo la tecnología nos mantiene permanentemente conectados y buscan el aislamiento de su protagonista para reflexionar sobre la incomunicación forzada o voluntaria -véase el personaje de Sandra Huller- y como los lazos más íntimos y puros cobran un verdadero sentido existencial.

No hay comentarios:
Publicar un comentario